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Hemos observado un sueño, el paciente se angustia por los movimientos de un ascensor que no obedece a su manejo, el cual creemos típico [2] por ser similar en enfermos masculinos padeciendo de diferentes neurosis y aparciendo siempre tras el mismo resto diurno: un fracaso sexual.
La dramatización del sueño y la fantasía inconsciente simbolizada en el síntoma de impotencia expresan una forma de defensa frente a una misma angustia básica. La excitación sexual moviliza en el neurótico fantasías pregenitales con su agresividad correspondiente produciendo angustias de persecución por parte del objeto de retaliación internalizado. Tal angustia es experimentada inconscientemente a través del proceso sexual mismo, semejante a las vivencias producidas por un aparato de influencia esquizofrénico [17].
La sensación en un ascensor sobre el cual uno pierde el dominio reproduce tanto la sensación de influencia como de cambio en la vivencia espacial por alteraciones regresivas del esquema corporal. El esquema corporal de uno se prolonga en el vehículo que está manejando [15]; en el momento que no sigue nuestras intenciones se interrumpe esta unidad y de golpe nos sentimos adentro de un espacio peligroso.
La unidad afectiva [15] del esquema corporal se establece con la asimilación de los objetos internos. En el neurótico se moviliza con la erección misma el objeto interno perseguidor, amenazando la unión con el objeto idealizado, repitiéndose así el trauma de nacimiento [13]. La sensación claustrofóbica y de influencia amenazante junto con la ecuación falo-cuerpo en el sueño del ascensor indica cómo la angustia de persecución se expresa por las huellas afectivas [3] que el trauma de nacimiento dejó.
Es nuestra hipótesis que la llamada angustia de nacimiento no es vivida como total, sino que el feto durante el proceso de parto experimenta tres sensaciones catastróficas distintas. (Melanie Klein nombra [9], aunque no expresamente, 3 fuentes de la angustia primaria: angustia de separación