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Los trabajos de Fairbairn, Melanie Klein y Hana Segal, entre otros, aclararon en gran parte el problema de la Histeria. En sucesivos trabajos sobre Histeria de Angustia, a partir de 1953, destaqué la importancia básica de las ansiedades y mecanismos esquizo-paranoides postulándolos como subyacentes en la estructura fóbica. Caractericé la disociación interna y externa del Yo, de los objetos, del espacio y del tiempo, compartiendo —y pareciéndome fundamental— la opinión de Fairbairn sobre la identidad entre la disociación histérica y esquizoide. Subrayé, asimismo, la disociación de la angustia, que denominé “las dos clases de angustia”; además del enérgico control para mantener por cualquier medio la disociación, destacando que el fin de dicho control es preservar al fóbico de la unión destructiva de los aspectos disociados; unión ésta, sentida como destructiva en virtud de las profundas ansiedades esquizo-paranoides.
En base a estos conceptos consideré fundamental en las fobias, al menos en la agorafobia, la angustia a la soledad. En mi opinión está siempre presente, subyacente a la fobia manifiesta y constituyendo algo así como la “fobia fundamental”, siendo la otra, la fobia al “afuera” una técnica defensiva cuyo fin es “crear” y mantener dos espacios disociados en lugar del espacio único e indiferenciado de la soledad.
Es decir, que al hablar de dos espacios disociados estoy postulando el concepto de distancia entre ellos, o de barrera; o “baluarte” como destacó en una oportunidad una paciente agorafóbica. Y esta distancia o barrera se hace para lograr una diferenciación entre “adentro” y “afuera”, entre el mundo interno y el mundo externo. Como una tentativa de cambiar la concepción indiferenciada y sin límites en la cual el YO y el NO YO, el afuera y el adentro se confunden o “no existen”; y en la que no hay una discriminación del objeto ni una valoración de él, de acuerdo a ciertos valores que habitualmente conceptuamos, ya que el objeto es simplemente considerad