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Me ha llamado la atención que en algunos pacientes fóbicos aparecieran sorpresivamente, en un determinado momento del análisis, aspectos originales de su personalidad, que se presentaban o como manifestaciones artísticas o como simples fantaseos conscientes ricos en vuelo imaginativo, y que contrastaban con la vida cotidiana anterior, francamente opaca y monótona.
Berta tuvo su primera crisis de angustia en una excursión de montaña en Suiza, donde estaba de paso, y allí inició su tratamiento analítico, que luego continúa aquí conmigo. Su actitud en las sesiones era la de relatar los acontecimientos a la manera de crónica social: “fuí a visitar a fulana o al matrimonio X, vinieron a comer los Z”, etc. Siguió así durante meses y meses de análisis, hasta que, como algo completamente insólito, aparece el proyecto de escribir un libro de cuentos para el nieto que esperaba. Los argumentos de esos cuentos traen a su memoria el recuerdo de su infancia; se pasaba todo el día sola, hablando con su perro y los pájaros, en un clima de cuento de hadas. En esa época comenzó a bailar, cuidando que nadie la viera. Sentía que los movimientos eran totalmente espontáneos, que surgían de adentro, como si se contara cuentos de hadas a sí misma.
Arturo vino al análisis por serios trastornos fóbicos; no podía salir solo e incluso estando acompañado tenía frecuentes ataques de angustia con sensación de muerte inminente. Antes de comenzar su tratamiento se le hizo un test de Rorschach, en el que aparecía una originalidad y riqueza de contenidos poco común. Por eso nos sorprendió cuando en lugar de ese rico contenido asociativo, apareció en las sesiones una continua repetición de preguntas y quejas. Desde que comenzó su enfermedad, la vida se había transformado en algo terriblemente monótono, donde no existía nada interesante. En el curso del análisis fueron apareciendo tímidamente fantasías, que como él lo expresaba “eran como brotes que en seguida los cortaba una tijera, la angustia”. Pero p