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La experiencia clínica nos muestra que en ciertos pacientes, fuertes tendencias hacia la omnipotencia existen simultáneamente con cierta capacidad de sublimación. El problema que planteamos en el presente trabajo es: ¿cuáles son las relaciones entre los dos fenómenos, omnipotencia y sublimación?
En su trabajo sobre “Etapas del desarrollo del juicio de realidad”, Ferenczy describió el fenómeno de la omnipotencia como un medio que el niño utiliza con el propósito de controlar a los objetos que son de importancia vital para su subsistencia. Pero en ese estudio Ferenczy no establecía aún diferencia entre objeto externo y objeto interno. Los trabajos de M. Klein y sus discípulos aclaran más profundamente el fenómeno de la omnipotencia, atribuyendo una mayor importancia a los objetos introyectados por el niño durante los primeros años de vida. Así, Paula Heimann dice:
“Mientras en la realidad el niño es completamente indefenso y depende de la madre para la manutención de su vida, en la fantasía asume una posición de omnipotencia ante sus objetos: éstos le pertenecen, forman parte de él, viven exclusivamente para él.”
Correlativamente con ese desarrollo de la omnipotencia, va surgiendo la negación de la realidad. Según afirma Paula Heimann:
“El niño aún no reconoce a los objetos, pues su capacidad de percepción se desarrolla en forma gradual. Sin embargo, el niño niega parcialmente, por razones psicológicas, aquello que percibe mediante la omnipotencia y la magia.”
Y S. Isaacs dice:
“El niño siente la amenaza de la pérdida completa de todo cuanto desea y necesita, si no pudiera controlar a sus objetos, de modo de poder realizar sus deseos aquí y ahora.”
Enfocando ahora el fenómeno de la sublimación, recordamos cierto trecho del trabajo de Freud sobre “El ello y el yo”, donde expresa la idea de que quizás el requisito para la sublimación fuera siempre una transformación de la libido objetal en libido narcisista; en otras palabras, la sublimación sería necesariamente la renuncia, y