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Presento un aspecto de una paciente con anorexia nerviosa muy severa que empezó su análisis hace casi tres años. Me fué enviada en momentos en que tenía 22 años de edad, y con 1 metro setenta de estatura pesaba 37 kilos. Su aspecto era impresionante, y había agotado la agudeza clínica de muchos médicos, que ensayaron diversos tratamientos orgánicos, y por último le habían aconsejado una gastro-enterostomía para salvar la situación de un vómito casi continuo que amenazaba emaciarla. También había agotado la posibilidad con dos psicoterapeutas anteriores, el último de los cuales prácticamente la había echado de su consulta.
Luego de diversas vicisitudes, entre las cuales está la de haber llegado hasta los 31 kilos alrededor de los seis meses de análisis, la enferma en la actualidad está pesando 45 kilos, reanudó sus estudios universitarios, muestra una actividad muy adecuada, no vomita más y ha recuperado sus menstruaciones.
El vómito casi incoercible había cesado, pero hasta hace unos meses persistía en un pequeño vómito después de la cena, que debía ser siempre sobre el bidet en su casa, y procurando que la madre se enterara y la siguiera hasta el baño.
Además del mecanismo de control que se ve en esto, pude ver que el vómito había sido un mecanismo de escape, una claustrofobia orgánica,. de un interior que la enferma consideraba lleno de peligros y destrucción. Intentando probar esta conclusión, mostraré dos sueños y una actuación. durante las sesiones.
El primer sueño, presentado alrededor de los 6 meses de análisis era así: Estaba en una habitación que sólo tenía una salida, una ventana; parada frente a la ventana y entre ella y dicha salida, una bandeja que contenía de un lado un pulpo y del otro una cabeza de un pescado; miraba el contenido de la fuente y le preocupaba la cabeza del pescado, que empezaba a aumentar de tamaño, mostraba amenazadoramente los dientes y de pronto la perseguía obligándola a disparar angustiosamente dentro de la habitación, mientras por o