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Un permanente suceder de experiencias que implica ir superando frustraciones, es lo que permite al Yo su adaptación adecuada y progresiva en el mundo. El fracaso de esta función, le lleva a regresiones más o menos profundas. La investigación analítica se orientó hasta el presente hacia el estudio del psiquismo del Yo a partir de la oralidad poniendo así un límite al desarrollo de una comprensión más amplia y profunda del mismo. Ya Freud había captado esta posibilidad, si bien no profundizó más allá su pensamiento en dicho sentido. Algunos ejemplos que lo confirman ya han sido citados1, nos ocuparemos de algunos otros. En su estudio sobre el sentimiento de lo siniestro (T. 18, O. C.) y refiriéndose a las acepciones que se da al vocablo alemán “Umlicht” dice: “Es una voz que evoluciona hacia la ambivalencia hasta coincidir con la antítesis; que va de lo extraño, misterioso, lúgubre, demoníaco, a lo dócil, familiar, grato, íntimo; que es calma confortable y protección segura, y también soledad y sombras.
Después de citar a su vez a varios autores que se refieren a dicha sensación y a su contenido ambivalente, en expresiones tomadas de la producción literaria, dice, al referirse a distintos trastornos del Yo. “Consisten en un retorno a determinadas fases de la evolución que experimenta la vivencia del Yo, en una regresión a la época en que éste aún no se había delimitado netamente frente al mundo externo y frente al prójimo”. Dice luego, “muchos otorgarían la corona de lo siniestro a la idea de ser enterrados vivos, en estado de catalepsia, pero el psicoanálisis nos ha enseñado que esta terrible fantasía, es sólo la transformación de otra que en su origen nada tuvo de espantoso, sino que por lo contrario se apoyaba en cierta voluptuosidad”: la fantasía de la vida en el vientre de la madre”. Agrega después, refiriéndose a la vivencia por el neurótico de los genitales femeninos como siniestro: “Pero esta sensación de lo siniestro, es el acceso a una vieja morada de la cria