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Abraham [1] en 1919, se ocupó de ciertas resistencias difíciles de resolver, y las adscribió al narcisismo. En 1921, Freud [2] desarrolló el concepto de la reacción terapéutica negativa, mostrándonos su relación con la culpabilidad inconsciente. W. Reich [8] en 1933, estudió esta particular manera de resistencia en la neurosis de carácter. K. Horney (1936) [4] trató de la importancia que tiene la rivalidad del paciente con el analista en el establecimiento de esta reacción. En el mismo año apareció la fundamental contribución de J. Riviere [9]. H. Racker [6] ha colaborado en la comprensión de los mecànismos contra-transferenciales de la reacción terapéutica negativa, y autores como G. Racker [7] y A. González [3] han presentado historiales que corroboran las observaciones de los autores citados.
Es frecuente que un paciente, al comprender ciertos elementos de su neurosis, reaccione con un refuerzo transitorio de sus mecanismos neuróticos. La regresión a la que nos referimos se presenta regularmente en el curso de un análisis y, en último término, puede ser involucrada en lo que denominamos “reacción terapéutica negativa”. Sin embargo, es posible establecer una diferencia entre estas reacciones y las de ciertos enfermos, en los cuales la movilización de los objetos del inconciente es absolutamente resistida. Es en estos casos en los que queda configurada la reacción terapéutica negativa en toda la extensión del concepto. Estos enfermos buscan al análisis, no como cura, sino, como dice J. Riviere, para eludir la desintegración o la muerte. Tal fué el caso de la paciente cuyo historial presentaremos a continuación.
Pertenecía a una familia judía alemana. La madre era de origen humilde, y vivió siempre con sus hermanas y sobrinas en un ambiente en el cual todos eran mujeres.
El abuelo paterno era un enfermo mental y se suicidó cuando tenía 50 años. El padre de nuestra paciente vivió como un bohemio. Padecía delirios de persecución, y a los 35 años se suicidó disparándose u