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Deseo exponer algunas observaciones sobre la disociación cuerpo-mente, basándome en el material clínico suministrado por una paciente con múltiples síntomas corporales.
Su cuerpo era para ella algo ajeno a su yo, como lo eran ciertos rasgos de su carácter. Una expresión muy suya sintetiza este proceso; decía: “yo habito dentro de mi cuerpo”. El análisis de esta expresión me permitió ver con más claridad la disociación cuerpo-mente, sus consecuencias y finalidades.
Debo decir que la paciente presentaba una rigidez muscular muy intensa. Su aspecto era de una extrema dureza y expresiones tales como “me siento como de piedra” o “soy de piedra”, eran comunes en ella. Este aspecto corporal fué conectado en muchas oportunidades con su bloqueo afectivo. La paralización afectiva se expresaba corporalmente por su rigidez y su cuerpo era sentido, en esos momentos como una barrera que le impedía toda manifestación de afecto, pero a la que temía perder ya que también la defendía de sus temores a la desintegración. Equiparaba a su cuerpo con una casa de piedra y a ésta con su madre. La expresión “yo habito dentro de mi cuerpo”, implicaba la existencia de un yo fragmentado y se traducía por: yo (mente), estoy colocada dentro de mi casa (madre-cuerpo), pero separadas frías y distantes. Esta expresión le recordó además, a su infancia cuando miraba desde lejos y con intensos e imposibles deseos el cuerpo de su madre. A consecuencia de la identificación proyectiva la madre pasó a representar sus propios deseos y frustraciones, el segundo paso fué la reintroyección de esta imagen materna peligrosa que volvió a ser disociada intrapsíquicamente y reproyectada en su propio cuerpo y controlada allí. Por este motivo la casa era de piedra, es decir algo duro, frío y resistente. Además a consecuencia de este segundo proceso apareció una nueva situación, la madrecasa debía estar colocada a una cierta distancia de su yo. A esta distancia entre el objeto y el yo la denominaba “mi límite”. El límit