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Una analizada me dice: “¿Cómo puedo entrar en contacto con Ud. y quererla? Si lo haría, me ocurriría lo mismo como con mamá. Ya no tendría nada mío. Guando mis invitados me felicitan por los platos ricos que les sé preparar, siempre me veo obligada a decir: “No es mérito mío, es una receta de mamá”.
Una mujer dice a su amante: “Tendríamos que romper. Ayer hacer el amor contigo era maravilloso, fué una revelación. Pero anoche, sola en mi cama, en mi insomnio temí enloquecer”.
Ambas mujeres resisten, perderse a un ideal, por temor a su persecución. Es un peligro, estudiado analíticamente. Melanie Klein cita a Paula Heimann, al decir: “Si el yo sirve excesivamente a sus objetos buenos, internalizados… éstos llegan a ejercer una influencia persecutoria”. Y agrega: “Como resultado el yo puede sentirse totalmente sometido y dependiente del objeto internalizado y convertirse meramente en su cáscara”.
Quiero demostrar este proceso a través del análisis de una famosa novela, el Barrabás de Lagerquist. Dejo de lado otros aspectos de la obra *.
En la novela sabemos poco del pasado de Barrabás. Su padre, Eliahú, había sido jefe temido y feroz de una banda de asaltantes. Al viajar su madre, una joven Moabita, hacia Jerusalén, había caído víctima de la banda. Eliahú la violó, la entregó a los demás, para venderla finalmente a un prostíbulo. Cuando la vieron embarazada, la echaron de ahí. Luego de dar a luz a Barrabás, murió sola, desamparada, en plena calle, maldiciendo al cielo, a la tierra y al fruto de sus entrańas.
No sabemos cómo Barrabás logró sobrevivir. Conocemos solamente dos episodios de su vida, anterior a la revelación del Gólgota. En uno mata, sin saberlo, a su propio padre, para tomar su lugar de jefe en la banda de las montańas. En otro, prófugo, seduce a una mujer simple, desfigurada por un labio leporino. Simula amor, para que lo cuide, lo alimente y le sirva de hembra, mientras él esté enfermo. La deja, cuando ella está embarazada. La madre de la mujer del labio lepo