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Es para mí una gran satisfacción poder abrir este Symposium. Y tanta más lo es al comprobar que muchos otros sienten la misma satisfacción. A todos aquellos que colaboraron en la realización de este Symposium les debo y les debemos gratitud, ya que gracias a cada uno de ellos podemos disfrutar estas jornadas.
La palabra “gratitud” hace presente en nuestra mente al hombre a quien hemos dedicado este Symposium: Sigmund Freud. Este homenaje quiere ser, y es, una expresión de gratitud hacia él, a quien debemos este gran conocimiento que ha abierto un nuevo mundo al pensar humano, y con el cual ha empezado una nueva era de las ciencias del hombre. Es también a él, en última instancia, a quien debemos nosotros aquí, el haber recuperado una buena parte de nuestra salud psíquica y física, y al que deben todos los psicoanalistas-terapeutas las satisfacciones al poder reparar la salud psíquica y física de sus analizados. A esto se agregan las muchas horas de goce espiritual que sus descubrimientos, fruto de su gran victoria sobre sí mismo, nos han brindado; goce espiritual al conocer su obra, como también al poder redescubrir o aun descubrir nosotros mismos, gracias a la nueva visión adquirida, aspectos de la vida íntima de los hombres y de sus obras.