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En un trabajo reciente [4] propuse un enfoque para interpretar, que me resultó muy útil en pacientes que presentaban conflictos agudos de convivencia, y muy especialmente en los casos en que el conflicto matrimonial constituía el punto convergente de la neurosis. Esta técnica de interpretación la desarrollé posteriormente en otra comunicación * en la que muestro una analogía entre la actitud que establece el psicótico con toda la realidad exterior, y la que mantiene el neurótico con su objeto en los momentos de conflicto matrimonial, y con todas aquellas personas a quienes toma por confidente.
Si bien en estos trabajos están implícitas las relaciones esquizoides de objeto en el desarrollo de la interpretación correlativa, no especifiqué en aquel entonces su aplicación en el análisis de los rasgos esquizoides de carácter.
Los pacientes esquizoides plantean al analista una incertidumbre permanente acerca de la adecuación de la labor interpretativa, tanto en la forma, oportunidad, dosaje, y profundidad de cada interpretación. El manejo esquizoide de la ansiedad, el escaso contacto con el analista, la falta de conciencia de enfermedad y de su situación de pacientes durante el tratamiento, constituyen elementos que dificultan el juicio que el terapeuta debe tener en cada momento de su labor, para justipreciar la validez de una u otra forma de interpretar.
Melanie Klein [3] se ocupa específicamente del manejo que hace el paciente esquizoide con la interpretación, señalando la dispersión del yo, de las emociones, y la ansiedad latente. A esta afirmación podría añadirse que, en la medida en que la interpretación es proyectivamente sobrevalorada por el paciente, el analista es considerado, de hecho, disperso, bloqueado y aniquilado temporariamente en su labor de reparación.
La actitud esquizoide ante los afectos y ante el material verbal en la sesión puede asemejarse a la del espectador ante la pantalla cinematográfica; el analista es un vecino que está ubicado en otra butaca. S