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Trataré de exponer cómo a través del análisis de un paciente pude verificar las ideas que el Dr. Arnaldo Rascovsky ha expuesto repetidas veces, sobre las condiciones de la vida prenatal, y como esto repercute luego a través de diversos mecanismos psicológicos del adulto.
En un trabajo que presenté en el año 1955 en la Asociación Psicoanalítica titulado Ansiedades tempranas en un homosexual manifiesto, señalé la importancia que tenía en ese paciente la incorporación visual del objeto.
Una duda que surgió entonces, fué la de si la incorporación visual era en realidad bidimensional, dado que nosotros percibimos la posición espacial de los objetos. Pero debemos de tener en cuenta que esta percepción es sólo aparentemente tridimensional, pues el relieve está dado por la superposición, en la corteza cerebral, de dos imágenes planas, bidimensionales, correspondientes a cada uno de los ojos. De modo que en rigor la visión del mundo externo es tan bidimensional como un cuadro, que si bien nos da la sensación de relieve no por ello deja de ser plano.
Pude comprender luego, cómo las diversas técnicas sexuales del paciente eran sólo frustradas tentativas de una mejor conexión con la realidad externa. Para ser más claro, seguiré en mi exposición la secuencia del paciente en la evolución de su sexualidad.
Inició su homosexualidad siendo un voyeurista. Iba a los baños públicos donde se excitaba mirando como los hombres se tocaban el pene y se masturbaban, y con esto se consideraba satisfecho, de modo que sus relaciones se establecían sólo en un plano mental, con un objeto interno, no pudiendo pasar a una dimensionalidad más evolucionada. En una sesión dijo el paciente:
“Ayer vi a un lindo muchacho que no rehuía la mirada; nos miramos largamente, metiéndonos por los ojos; yo sentía que si me manifestaba lo perdía”.
Así mostraba su incapacidad para adaptarse a la realidad tridimensional pues sólo podía manejar el objeto interno; manifestarse era integrar, por eso sentía que le era imposib