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Denomino lenguaje no-verbal a las infinitas maneras, eon la sola exclusión de la palabra1, por las que un individuo entra en comunicación con quienes lo rodean. Desde Freud [5], los psicoanalistas han interpretado algunos aspectos de este lenguaje. Los que se han ocupado del psicoanálisis de niños, al tomar en consideración el juego, han sido los que más han contribuido a esta ampliación del campo de acción del psicoanálisis. Los trabajos de M. Klein [9] son básicos. Entre nosotros, la Dra. A. A. de Pichon Rivière [12] [13] ha realizado originales contribuciones en el mismo terreno.
Los analistas de psicóticos, como consecuencia de los trabajos de M. Klein y de las exigencias que sus enfermos plantearon a la técnica, se ocuparon de la interpretación de material no-verbal: entre otros citaremos a Rosenfeld [17], Rosen [16], y entre nosotros a Liberman [10] [11].
En el análisis de neuróticos, la interpretación del lenguaje no-verbal se realiza raramente, y su estudio sistemático ha sido circunstancial. Mientras que el niño y el psicotico están obligando al analista a tener en cuenta un lenguaje no-verbal, el neurótico ofrece la palabra a la interpretación, apartando al analista del estudio de sus otras formas expresivas. W. Reich [15], con su aportación acerca del análisis del carácter abrió nuevas posibilidades. Los trabajos sobre transferencia-contratransferencia, en especial los de Racker [14] y P. Heimann [8], y los de quienes seguimos esa línea de investigación: Grinberg [6] [7], Cesio [2] [3], nos enfrentaron con nuevos elementos a interpretar, con procesos que tienen lugar entre el paciente y el analista y que van más allá de la comunicación verbal. Hemos visto cómo el analista se identifica con objetos del paciente, de modo tal que tenemos que suponer la intervención, en este proceso, de elementos de comunicación entre el paciente y el analista, ajenos a los verbales y visuales conocidos.
El paciente se comunica con nosotros a través de una infinita gama de medio