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El análisis de niños incluye una serie de problemas particulares que son consecuencia de su comportamiento en el que predomina el modo de expresión no verbal. Como lo han señalado Freud y M. Klein el niño actúa más de lo que formula verbalmente y la técnica de juego ha sido elaborada para adecuarse a esta modalidad de expresión. Esto fundamenta la diferencia con el análisis del adulto, dando como resultado una mayor actividad o actuación por parte del analista de niños. De este modo a la interpretación se agrega este otro detalle técnico que no puede quedar ignorado pues abarca las actividades y actitudes del analista dentro y fuera del juego.
Tanto Freud como M. Klein utilizan el término “acción” cuando se refieren a las expresiones no verbales (o preverbales) del niño. Este término es utilizado aquí para designar la misma manifestación por parte del analista, con la intención de acentuar una similaridad de expresión que se supone debe establecerse entre el terapeuta y el niño para que ambos puedan comunicarse entre sí.
Un intento de enumerar las distintas formas de la “acción” sería siempre incompleto, por ello sólo señalaré aquellas manifestaciones que me han sido más fácilmente notables y por cuya importancia no pueden separarse —sobre todo si se piensa que la acción es frecuente y continuada— del efecto terapéutico que admitimos para la interpretación.
Frente al niño durante la sesión suelen presentarse con frecuencia situaciones en las que éste nos pide que recojamos un objeto caído; ayuda para construir o reparar; o que limpiemos u ordenemos. Otras veces nos exigen elementos para hacer fuego o más agua, etc. Incluso pueden pedirnos que destruyamos objetos o juguetes. Cada una de estas situaciones será interpretada, pero no cabe duda que las actitudes que el analista tome frente a ellas implica “acción”, cumpla o no con el pedido.
También lleva acción el hecho de personificar un rol que nos ha sido asignado por el niño.
En el juego cualquiera sea su clase aquélla e