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Con respecto a la interpretación de la transferencia, Freud establece la siguiente regla: “En tanto que las comunicaciones y las ocurrencias del analizado se suceden sin interrupción, no debemos tocar para nada el tema de la transferencia, dejando esta labor, la más espinosa de todas las que se nos plantean en el análisis, para el momento en que la transferencia se haya convertido en resistencia”.
En el caso de que el analizado inicie el tratamiento con el silencio, o afirmando que no se le ocurre nada, ya está en juego, y actuando como resistencia, una transferencia sobre la persona del médico. “En estos casos nos vemos obligados a comenzar con el descubrimiento de esta transferencia, y, partiendo de ella, encontramos pronto el camino de acceso al material patógeno del enfermo”.
Más adelante señala que, “para iniciar nuestras explicaciones al analizado, revelándole el oculto sentido de sus asociaciones” habrá de esperarse hasta que se haya “establecido en el paciente una transferencia aprovechable, un ‘rapport’ en toda regla” con el analista. “El primer fin del tratamiento es siempre ligar al paciente a la cura y a la persona del médico. Para ello no hay más que dejarle tiempo. Si le demostramos un serio interés, apartamos cuidadosamente las primeras resistencias y evitamos ciertas torpezas posibles, el paciente establece en seguida espontáneamente un tal enlace y agrega al médico a una de las imágenes de aquellas personas de las que estaba habituado a ser bienquisto”.
“Estas indicaciones entrañan naturalmente, la condena de todo procedimiento que tienda a comunicar al paciente la traducción de sus síntomas en el acto de conseguir su interpretación o considere como un triunfo especial enfrentarle violentamente con tales ‘soluciones’ en las primeras sesiones del tratamiento”.
”…He tenido frecuentemente ocasión de comprobar que la comunicación prematura de una solución ponía término también prematuro a la cura, tanto a consecuencia de las resistencias que de pronto despe