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Destacaré sólo las indicaciones técnicas contenidas en el artículo.
Dice la autora que se puede llevar a cabo un análisis propiamente dicho solamente con chicos mayores de 7 u 8 años.
Existen dos tipos de pacientes: los que saben por qué vienen al análisis y los que no, ya sea por su tierna edad o porque no sufren de sus síntomas. En este caso señala que tiene que llegar un momento en que se les aclare la finalidad del análisis, pero que no hay reglas para elllo, y señala los subterfugios empleados por las madres para hacer que el niño lo acepte.
Afirma que no se puede atender al niño en el consultorio porque despierta su desconfianza. Es deseable atenderlo en su propia casa. No son indicados los internados, pues los chicos comentan entre sí.
No se puede hacer que el niño se recueste, pues le recuerda experiencias traumáticas (operaciones, castigos), y le angustia mucho.
La primera sesión es muy importante: en ella se establece el “rapport”, y es necesario quebrar el hielo, para lo cual indica una serie de técnicas tendientes a hacer que el niño hable de sus conflictos: relatar —referidas a un chico imaginario—, las actuaciones del propio chico que han sido señaladas por los padres como conflictuales, técnica que califica de infalible; hacerse la enferma para que el chico colabore prestándole ayuda, etc. Si el chico manifiesta mucha