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Durante la pubertad los impulsos son más fuertes que en la latencia y la actividad de la fantasía es mayor, lo que determina que estos análisis difieran en muchos puntos esenciales de los análisis de latencia y se acerquen más a los tempranos.
Los esfuerzos del adolescente en su lucha contra la ansiedad logran un mayor, éxito que los realizados por los niños pequeños y todos sus intereses y actividades tienen como fin dominar, sobrecompensar y ocultar dicha ansiedad. Encontramos en esto la primera dificultad técnica. Es típica del adolescente la actitud de desconfianza y rebeldía que da origen a una marcada transferencia negativa inicial. La mencionada actitud constituye un punto de urgencia que exige ser interpretado desde la primera hora del análisis. La ansiedad de los niveles profundos que se manifiesta en esta edad es mucho mayor, tanto en cantidad como en intensidad, a la ansiedad modificada de los estratos más elevados, y por consiguiente es imperativo intentar su liberación desde un comienzo, por medio de la interpretación. La liberación sistemática de la ansiedad hace que el paciente no sufra demasiado.
Durante la adolescencia llama además la atención la riqueza de las formas simbólicas, que exigen una interpretación extensiva de los símbolos empleados.
Es frecuente que aparezcan en estos análisis monótonos relatos que pueden constituir, durante meses, el único tema de conversación. Si en estos casos se sigue una técnica análoga a la de la interpretación de los sueños y del juego, tomando en cuenta los mecanismos de desplazamiento, condensación, representación simbólica, etc., y si se descubren las conexiones entre los menores signos de ansiedad y los afectos, se llega a penetrar gradualmente en los más profundos complejos de la mente del paciente.
Después de haber señalado las semejanzas entre la pubertad y la primera infancia, veamos las diferencias. En la adolescencia el desarrollo más completo del yo y el i