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Antes de instituir cualquier terapéutica adecuada es esencial conocer el significado de la agresión y las situaciones bajo las cuales es más probable que aparezca. La agresión puede ser una reacción a la frustración de una necesidad o impulso fundamental, un modo de vencer el miedo abrumador a los ataques del mundo externo, y en niños masoquistas, una técnica para provocar a otros hasta conseguir una revancha; también el camouflage de un sentimiento de desamparo, etc. Por lo tanto, lo más importante para su terapéutica es tratar de comprender el significado de la agresión como síntoma de una perturbación más profunda de la personalidad, y la técnica empleada será racionalmente adecuada al trastorno, siempre que se considere la función dinámica de la agresión al servicio de la economía psíquica. Para ejemplificar estos conceptos estudia el autor diferentes formas de agresión, sus raíces y la terapéutica adecuada a cada caso. Hay por ejemplo, niños que no parecen haber desarrollado nunca un sistema interno de restricción de la agresión, o que carecen de capacidad para tolerar una cantidad aun mínima de frustración. No pueden inhibir su rabia o dirigirla por canales socialmente aprobados. Generalmente no tienen respeto ni miedo a la autoridad, están orientados narcisísticamente y usan la agresión como un arma para forzar a los otros a ceder ante su voluntatd; no tienen casi sentimientos de culpa por sus actos destructivos.
Para este tipo de niños es mala y contraindicada una terapéutica tolerante. El tratamiento debe lograr construir su superyo para que sea capaz de ejercer control sobre sus impulsos internos, para lo que necesita nutrir esa parte empobrecida