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Entre los problemas de gran interés práctico que la autora plantea en este trabajo, destacamos la que se desprende de la siguiente interrogación: ¿hasta qué punto y en qué forma es aconsejable, al analizar a un niño pequeño, utilizar en las interpretaciones los conocimientos de su vida que han sido comunicados por los padres u otros adultos? Tal pregunta se hace a sí misma la analista en determinado momento de una sesión, a raíz del material surgido en el juego. A modo de respuesta, agrega luego que, a esta edad, y con frecuencia aun en niños mayores, se acepta como natural e inevitable que los padres le hayan contado esos acontecimientos y afirma: “no se resiente por ello, como