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Comienza el artículo con la afirmación de que los niños no van al tratamiento, sino que son llevados a él; de aquí la dificultad de separar el problema del niño del de la madre, ya que hay una estrecha interacción entre ambos. Esto hace posible resolver las dificultades del niño sin ejercer una acción directa sobre él, consiguiéndose todo el cambio por o a través de la madre.
Entre los casos ilustrativos cita la autora el de una niña de ocho meses con una fobia a los tranvías y a los ómnibus. Al preguntársele a la madre cómo viajaba ella, descubrió que le había sido imposible hacerlo en ómnibus hasta la edad en que dejó el colegio. Todo lo que hizo la autora fué tratar abiertamente el tema con la madre, sin analizarla ni intentar comprender sus mecanismos. Una vez ligados ambos síntomas, el de la madre y el de la hija, aquélla pudo ver el modo cómo estimulaba los temores de la niña y algún tiempo después de dicha conversación cesaron los trastornos que no volvieron a repetirse. El caso fué seguido durante 15 meses.
Dado que en el primer año de vida se conoce poco el estado mental del niño y ya que los casos relatados sugieren una tan íntima relación madre-hijo, cree la autora que la psicología de las “parejas dependientes” es un tópico de estudio de especial interés. En el tratamiento parece útil considerar los problemas de uno y otro como inseparables.
Alberto J. Campo.