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Expresa la autora en este artículo que la evolución de la técnica en el tratamiento de niños está condicionada al mejor conocimiento de la psicología, del yo.
Se refiere al intento de utilizar la terapia psicoanalítica en niños considerados débiles mentales o psicóticos, que han huido de los peligros y frustraciones reales o imaginarios de su mundo externo, excluyéndolos de su mundo de fantasía.
Considera que esta personalidad fragmentada es el resultado de una constelación familiar en que una madre narcisista e inmadura, no había sido capaz de rodear al niño de un clima emocional favorable para la formación y diferenciación del yo y el mundo. En consecuencia, encara la terapia en un triple aspecto:
Proporcionar al niño un clima emocional adecuado dado por una aceptación incondicional, cualquiera sea su grado de evolución afectiva e intelectual, independientemente de su edad cronológica.
Crear la oportunidad para que el niño repita las situaciones no elaboradas, y cuando el yo se ha fortalecido y puede tomar a la analista como objeto de amor, actuar como madre, que no sólo acepta sino que educa proporcionando conocimientos concretos al tiempo que analiza los conflictos que-surgen en el análisis.
Tratar simultáneamente a la madre para aliviar su culpa y ansiedad, de-legando preferentemente esta labor en otro analista, pero manteniendo aún así una entrevista semanal.
Como complemento, considera útil la asistencia del niño a una escuela especialiada que actúa como una continuación de la terapia, ya que ofrece la oportunidad