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Las interpretaciones en el análisis de niños no difieren de las que formulamos en nuestro trabajo con adultos, así como es análogo en ambos casos, el manejo
de la transferencia. Se ilustra con material típico de los tres períodos —temprano, lactancia y pubertad— para mostrar el enfoque distinto que respectivamente exigen. En los niños muy pequeños la transferencia es inmediatamente negativa y continúa así hasta que comprueban que el analista es un objeto bueno. En el púber —cuyo análisis ofrece aspectos muy parecidos al de la temprana infancia— la tarea más urgente consiste en la interpretación constante de sus ansiedades paranoides. En la primera infancia y en la pubertad están incrementados los impulsos libidinosos, pero las mayores exigencias de la realidad en ésta, hace más dificultoso el levantamiento de la represión. En la latencia en cambio, aunque menos desarrollado el yo que en la pubertad, la lucha contra los instintos es más fácil porque la defensa del yo, al ser más débil, facilita la irrupción de la ansiedad, oportunidad en que se hace necesaria la interpretación profunda. “La práctica nos demuestra la utilidad de la interpretación de profundidad desde el comienzo del tratamiento en casos de niños pequeños y púberes cuya situación es parecida. En cambio, para los niños en época de la latencia, cuyo equilibrio mental se aproxima más al adulto, predomina el análisis de las defensas, aunque la situación analítica se establece por una interpretación en profundidad inicial.
Resumen del autor.