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La autora hace referencia al cambio sufrido en la aplicación de los principios psicoanalíticos en la educación y a la parte que le corresponde a la interpretación en el mismo. En una etapa arcaica del desarrollo de la educación psicoanalítica,
la interpretación tenía como fin cooperar con los instintos, y la educación consistía en permitirles la libre expresión y no en dominarlos. Sin embargo, desde que ni la tendencia preformada a la represión ni la necesidad externa permiten la satisfacción de todos los impulsos instintivos, sino sólo de una parte pequeña, la educación, con la ayuda de este tipo de interpretación, debía llevar tarde o temprano a conflictos con el mundo externo. Tales conflictos llevaban a su vez a rechazos, decepciones, frustraciones y traumas en diversos campos. Se hace el contraste de la interpretación en dos tipos de situaciones educativas, una en la cual fué mal dirigida y otra en la que fué aplicada sensatamente.
Se da el ejemplo de un niño cuyos padres le interpretaban todo lo que hacía y le economizaban todo tipo de frustraciones. El niño reaccionó con una gran neurosis de angustia.
Distingue la autora entre las interpretaciones dadas por los padres y aquellas dadas por el analista.
Diferencia también entre interpretación en el análisis de niños y del adulto.
Expone un ejemplo del uso correcto de la interpretación en la educación orientada analíticamente en un niño normal.
En todos los casos, dice la autora, la interpretación debe encontrar el significado oculto y hacer consciente lo inconsciente. La diferencia entre los métodos descritos yace en la actitud de la persona que interpreta. En la interpretación mal dirigida el yo es empujado contra un muro, y no tiene otro recurso en su desamparo que refugiarse en mecanismos de defensa patológicos, principalmente en forma de agresión, contra la persona que educa e interpreta, y en reacciones de angustia.
En contraste con esto, en el psicoanálisis, los contenidos del ello son confrontados con la rea