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La psicoterapia, cuyo ejercicio estaba abierto a cualquiera, con el estudio de la psicología profunda, se ha transformado, según el autor, en una especialidad médica. Considera que la separación que tratan de mantener los psicoanalistas entre esta disciplina y la psicoterapia es artificial, ya que ambas se manejan con los mismos elementos básicos, los descubiertos por el psicoanálisis.
Divide a la psicoterapia en la de apoyo (supportive) y la profunda (uncovering). Por medio de la primera se pueden solucionar los casos de lesión superficial del yo. Actúa a través de los siguientes mecanismos: 1ọ) gratificando las necesidades de dependencia; 2ọ) provocando la abreacción; 3ọ) revisando objetivamente el factor desencadenante; 4ọ) restableciendo defensas neuróticas del yo; y 5ọ) manejando las situaciones vitales.
Para ejercer la psicoterapia de apoyo es necesaria una formación psicoanalítica muy buena; de lo contrario puede ser peligrosa.
La psicoterapia profunda se confunde con el psicoanálisis. Se ha tratado de establecer una diferencia basándose en un criterio cuantitativo.
Para Alexander la única solución lógica es la de identificar como psicoanálisis a todo procedimiento basado en los mismos conceptos científicos, observaciones y principios técnicos. Cree infundada la crítica que se ha hecho al Instituto de Chicago por el manejo de la frecuencia de las sesiones, considerando que su dosificación es importante para evitar que en la transferencia se produzcan regresiones perjudiciales.