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La autora, después de una revisión del concepto de la transferencia, discute ciertas tendencias psicoterapéuticas, que tratan a la transferencia como a un elemento peligroso, por la dependencia en la que el paciente se coloca en relación con el analista. Teniendo en cuenta esta última razón, los analistas que siguen estas tendencias, aconsejan que no se debe dejar desarrollar la transferencia, y la utilizan como un medio para estimular al paciente a experiencias correctoras de las perjudiciales primitivas.
Opone luego, a estas modificaciones de la técnica, la importancia que tienen los principios técnicos clásicos del psicoanálisis, y las razones para mantenerlos. Se refiere a la importancia que posee el que los factores externos a la transferencia permanezcan constantes. Hace mención del valor que tiene el número suficiente de sesiones semanales. Recalca lo perjudicial que resulta el obtener informes de fuentes ajenas al paciente.
Critica el tratamiento de personas íntimamente ligadas entre sí, por el mismo analista, e insiste especialmente en lo nociva que resulta toda actuación extra analítica entre el analista y los pacientes.