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El autor trata de aclarar algunas de las técnicas terapéuticas del análisis directo. Considera que los distintos resultados obtenidos por algunos psiquíatras y analistas, y que provocaron la crítica contra su método, fueron debidos a la falta de detalles de sus primeros trabajos.
Se refiere en primer lugar a la función de la esquizofrenia como a la única forma en que el paciente puede sobrevivir controlando mágicamente con su conducta aspectos de su ambiente interno y externo que no se atreve a enfrentar. Ésta es la razón por la que defiende y se adhiere tan tenazmente a su enfermedad. Para lograr que despierte de su pesadilla es necesario darle un motivo y el medio para retornar a la realidad.
Señala a continuación el principio fundamental de su técnica, que consiste en que el analista debe convertirse para el psicotico en la figura maternal que brinda y protege continuamente. Para lograrlo es necesario que se identifique con él, que sienta y experimente sus necesidades, que le dé la oportunidad de alucinar sobre él; y sólo si es capaz de darle suficiente amor y comprensión, el paciente no temerá despertar, ante la convicción de que alguien entiende sus necesidades y está preparado para satisfacerlas.
Una correcta interpretación directa es experimentada por el yo inconsciente como comprensión y ayuda. Este sentimiento es de gran valor terapéutico. Lo ejemplifica señalando que una paciente que se pinta los ojos con lápiz rojo labial está poniendo en contacto su boca con sus ojos. Hay que hacerle comprender a lo que resta del yo consciente que para su inconsciente sus ojos representan senos, y la idea es que el paciente desea alimentarse, llevarse los labios a los senos, expresando así conflictos orales que sólo había percibido inconscientemente.