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Partiendo de que la emocionalidad de los esquizofrénicos es distinta de la de otros pacientes, el autor plantea problemas específicos en la técnica a seguir con ellos. Pudo observar en su paciente relaciones entre la estructura del yo y sus emociones, que le permitieron hacer generalizaciones en términos de un defecto básico. En esta paciente, las emociones no podían quedar hmitadas a señales, debido a una disminución de la barrera entre el yo y el ello, sintiéndose el yo invadido por ellas e incapaz de inhibirlas. Activaba el sentirse muerta cuando necesitaba protegerse de una emoción que no le permitía una actuación social adecuada. Esto se debía a un déficit en la formación de mecanismos de defensa en esta área de su yo por el cual mantenía sus contactos sociales. Ante emociones displacientes, su yo se sentía forzado a experimentarlas, como sentimiento de muerte y pérdida de su personalidad causado por la energía destructiva no sublimada. Las emociones y su yo eran idénticos. Su falta de sentido de identidad suponía una falla en el desarrollo de los mecanismos llamados por el autor “de mantenimiento”. No podía entregarse a ninguna actividad sin antes