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Los autores, psiquíatra el primero, dermatólogo el segundo, merecen el agradecimiento de todos los médicos, pero particularmente de sus colegas de especialidad por haber escrito este libro que es, por lo que sabe este comentarista, el
primero en tratar los problemas psicosòmáticos de la dermatología en forma sistemática. Luego de una primera parte general, destinada a la formulación del problema y una referencia resumida a la anatomía y fisiología de la piel y al diagnóstico y tratamiento de sus enfermedades, estudian los autores en tres amplios capítulos las enfermedades de la piel con sensaciones anormales y las que se acompañan de manifestaciones anormales, así como las relaciones entre las dermatosis y las psicosis. En todo esto los autores mencionan, primero, algo de la bibliografía existente (las referencias no son siempre tan completas como se podría desear), y luego relatan su propia experiencia casuística y estadísticamente. Este último material es extraordinariamente instructivo, ya que representa el resultado de muchos años de una labor intensa de investigación. Tomando en consideración la totalidad psicológica de sus enfermos y no descartando ningún factor de posible importancia, los autores llegan a una presentación de gran equilibrio que, en la opinión de este comentarista, ha de satisfacer al psiquíatra y al dermatólogo por igual. Teniendo los autores la convicción de que las enfermedades de la piel deben ser tratadas por dermatólogos, sus formulaciones evitan las innecesarias complicaciones de un exceso de terminología psicopatológica. El enterado ve, sin embargo, en todas partes la profundidad metódica que permitió a los autores llegar a sus descripciones e interpretaciones.
Krapf