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Muchos de los mecanismos que intervienen en el tratamiento psicoanalítico escapan a la formulación verbal. Durante el transcurso del mismo se desarrollaría una experiencia pregenital, no verbal o preverbal “vivida realmente” por el paciente.
El yo neurótico tiene diversas características o maneras de ser. Por ejemplo le es imposible mantener relaciones objetales satisfactorias; carece de matices en sus relaciones objetales: el objeto es todo bueno o todo malo y esto no sólo en cuanto a relación parcial o total. El trabajo verbal del analista consiste en reducir la proyección en términos del pasado y mostrar el movimiento entre pasada y presente, interpretando la relación transferencial y mostrándose frente al paciente como un objeto real. ¿En qué consiste este objeto real? El analista es neutro y frustrante. La neutralidad del analista es sentida profundamente como favorable ya que permite al paciente escapar a sus contradicciones internas. Lo frustrante del analista está en relación por ejemplo, con las satisfacciones instintivas, el tiempo, el dinero. Al no corresponder directamente a los requerimientos instintivos del paciente, tranquiliza ya que en general el analizado podrá pedir más en la medida en que se siente seguro de no ser satisfecho físicamente hablando.
El otro aspecto sería lo que el analista da: la promesa de ayuda al aceptar alguien en tratamiento, el escuchar con una atención sostenida y con interés, la comprensión y además el “ser” y “estar” siempre de una manera pareja lo que da una sensación de estabilidad, seguridad y solidez. Da protección para las pulsiones instintivas y permite la regresión, la identificación, etc.