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Basándose en sus investigaciones sobre el ciclo sexual de la mujer y en su experiencia psicoanalítica con madres y niños, la autora encuentra que el origen de la “constelación depresiva” se halla en la psicobiología de las funciones procreativas de la mujer. “Constelación depresiva”, significa para ella la organización en la personalidad de un conflicto básico, debido a la transformación de la simbiosis madre-hijo en un círculo vicioso, por una inadecuada actitud maternal, que lleva a una intensificación del componente hostil-agresivo del “núcleo ambivalente” del niño. Cada fase de la función procreativa de la mujer requiere un incremento de las tendencias receptivas, reactiva la etapa oral y todos los conflictos vinculados a ella; de ahí que la constelación depresiva tenga una mayor importancia en la mujer que en el hombre. Durante el embarazo la simbiosis madre-hijo es total, y recién el parto viene a interrumpirla. Tanto la madre como el niño tienden a reanudar esa unión a través de la alimentación; la lactancia es la reanudación post-partum de la simbiosis. Forman así una “unidad psicoeconómica”, madre y niño, que a medida que se va realizando la maduración fisiológica, de unidad biológica se transforma en comunicación psicológica entre ambos. El intercambio es en ambas direcciones; lo que la madre da conscientemente al niño como alimento y amor lo recibe inconscientemente de vuelta como libido. Si se rompe el equilibrio de la simbiosis ésta se vuelve frustrante para ambos, Y la madre revive sus propios conflictos orales con su madre. La pareja “buena madrebuen hijo” se ha transformado en “mala madre-mal hijo”. A pesar de cierta dificultad de comprensión que se tiene en un comienzo con este artículo, por el uso de términos nuevos y propios de la autora, constituye un aporte de significativa importancia para el estudio de la simbiosis madre-hijo, de sus trastornos y de la relación con los estados depresivos de la mujer.
R. Usandivaras