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La importancia que en el análisis de niños y adultos tiene la primera sesión es un hecho conocido: en ella el paciente toma contacto con el analista, plantea sus conflictos y frecuentemente sus fantasías inconscientes de enfermedad y curación.
En el caso al que me voy a referir, un niño de siete años que padecía de enuresis nocturna, la construcción de casas fué el primer juego elegido espontáneamente para tales fines, y permitió seguir a través de su evolución (ya que fué continuado durante varias sesiones) el desarrollo de las fantasías acerca de su yo corporal alterado por su enfermedad. Lo que me llamó la atención fué que su primera construcción no tenía ninguna semejanza con las que se observan habitualmente en niños enuréticos: era una casa con otras características, que fué interpretada como la expresión de las defensas contra los contenidos más angustiantes de su síntoma: sus incontroladas fantasías agresivas por una parte y sus sentimientos de vacío y pérdida, por otra. La interpretación de la primera construcción trajo como consecuencia la segunda, que expresaba ya la fantasía inconsciente de su enfermedad, en la que su cuerpo era vivido como un largo corredor.
Veremos cómo llegó a ella, para lo cual relataré las tres primeras sesiones.
Pero antes daré los datos más significativos de su historia.
En el momento de iniciar el tratamiento, Julio tenía siete años y una hermanita de seis meses. Los padres parecían ser muy agresivos y habían preferido tener una nena. En su vida hubo varias circunstancias que juzgo de singular trascendencia.
Su nacimiento fué muy traumático: el parto se prolongó durante treinta horas y nació con una clavícula rota y luxación de cadera izquierda.
No hubo lactancia materna: la madre tenía pezón umbilicado y él no pudo prenderse al pecho, aceptando la mamadera.
Durmió con los padres hasta los seis años, época en que lo sacaron de la habitación, coincidiendo con el embarazo de la madre.
Había logrado el control nocturno de esfínteres a los d