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En octubre de 1955, Susana, de 5 años y medio, nos fué enviada al Servicio del consultorio externo del hospital Británico, por padecer perturbaciones motrices. Había sido sometida a exámenes neurológicos exhaustivos sin encontrarse la pauta de sus trastornos.
Sus dificultades sensitivo-motrices consistían en: Dolores e hipersensibilidad en la planta de los pies y palma de la mano. No toleraba el roce con objetos duros. Pérdida de fuerza en las manos. Dificultad en la presión. Incapacidad de cerrar el puño, sólo flexionaba las primeras falanges de la mano. Dificultad para caminar. No apoyaba los dedos del pie en el suelo. Caminaba afirmando los talones. Dificultad para bajar las escaleras, necesitaba ayuda. Dificultad para sentarse en el W. C. Dolores en las rodillas, brazos y caderas.
Todos estos síntomas comenzaron en septiembre del año 1954 (es decir, un año antes del día en que nos fué traída) y que fué la época en que dejó de jugar.
Aparte presentaba los siguientes síntomas que habían comenzado junto con las perturbaciones sensitivo-motrices: Anorexia, hipocondría, fobias y trastornos de conducta.
Su anorexia databa de su primer año de vida en que había rechazado la leche de vaca y el biberón. Durante este último año este síntoma había recrudecido. La madre le daba de comer en la boca, sentándola en su falda.
La hipocondría se manifestaba por frecuentes dolores gástricos, síntomas reumáticos, dolor de cintura, periódicas hinchazones de pies y manos y dolores en las ingles.
Padecía también de una hernia bilateral desde la segunda mitad de su primer año de vida.
Sus fobias, que se iban multiplicando con el tiempo consistían en miedo a que le tocaran sus pies y manos. Tenía miedo de ir a la escuela porque decía que los chicos corrían y la podían pisar. Miedo al agua de mar. Temor a subir en bicicleta. No concurría a fiestas infantiles. Susana decía que era porque se aburría, pero la madre explicaba que era porque no podía moverse como los otros chicos. Ella siempre se que