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Patricia era una seductora niña de 22 meses, triste y callada. Concurrió a mi consulta con sus padres, desesperados porque hacía varios meses no podían dormir, impedidos por el insomnio de la niña.
Después de consultar con su pedíatra y un clínico que les indicó luminaletas y atarax, que la excitaron más aún (efecto farmacodinámico paradojal, que en esta niña incrementó su insomnio durante la noche, haciendo que de día se tirara a ratos sobre la alfombra a dormitar), resolvieron consultar con un analista.
En cuanto a los antecedentes de la niña son los siguientes: parto distócico con forcepts. Lactancia: un mes de pecho con destete brusco. (Relata la madre que durante la Revolución movilizaron al marido, que es militar, y al no saber nada de él, la angustia le hizo desaparecer la secreción láctea. Por la misma causa y para sentirse menos sola, llevó a la niña a dormir a su cama).
Dentición y deambulación: en épocas normales. Locuela: con características aparentemente normales hasta los 15 meses, en que se ve detención en la adquisición de nuevas palabras, coincidiendo con el nacimiento de su hermanita. Control de esfínteres: comenzó a los 6 meses, siendo interrumpido poco tiempo después a raíz del embarazo de la madre. Relata ésta que a partir de entonces nunca más pudo alzar a la pequeña por sufrir fuertes dolores en el vientre. A los 15 meses (cuando nacía la hermana), vuelve a insistir en el control de esfínteres, esta vez muy severamente.
Situación dentro de la familia: hija primogénita de matrimonio joven: El padre, de profesión militar. La madre, bonita y con actitud de protesta y fastidio por tener que dedicar gran parte de su tiempo a las hijas. Ambos acusando gran inmadurez y por lo tanto con dificultad de comprensión psicológica para Patricia.
Síntomas: Hasta los 15 meses y según los padres, era una niña sana, vivaz y cariñosa. A partir del nacimiento de la hermana aparecen los síntomas: insomnio, inquietud, llanto, pavores nocturnos (la única forma de calmarla