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En distintos trabajos presentados por A. Rascovsky y sus colaboradores al Primer Congreso de Psicoanálisis Latino Americano (1956), como también en la Asociación Psicoanalítica Argentina, fueron expuestas las observaciones recogidas del material de pacientes cuyos contenidos eran estudiados como la expresión de los núcleos más profundos y primitivos del Yo.
Algunos aspectos del análisis de aquellos mecanismos en la situación transferencial y en relación con lo siniestro, fueron objeto de una comunicación que presenté a dicho Congreso.
Fueron entonces postuladas algunas premisas inherentes al psiquismo prenatal, destacándose, entre otras principalmente, la condición de que el Ello suministra al Yo toda la experiencia arcaica en forma activa y total, incondicionalmente y sin barreras, tal como en lo somático, donde el feto recibe de la madre permanente e incondicionalmente los elementos vitales que le permiten su subsistencia y desarrollo.
Nunca más, el ser repetirá posteriormente la extraordinaria experiencia que significa la etapa prenatal, donde cumple un desarrollo e integración tales como los que implican en ese breve lapso evolucionar de organismo unicelular al complejo sistema que es el ser en el momento de nacer; ya que a dicha situación llega no sólo con una organización física dispuesta y preparada para la readaptación de la vida prenatal a la postnatal con todos los cambios fisiológicos que ello implica, sino también con una organización psíquica que, condicionada a una primitiva situación, debe luego readaptarse a la nueva.
Dicha readaptación significa la ruptura de aquella unidad funcional Ello-Yo, y en la que el Yo tiene por único y universal objeto al Ello.
Con el nacimiento aparece una nueva experiencia, una nueva dimensión: la del objeto externo que ha de ser introyectado. Consecuente con esto aparece una nueva modalidad psíquica de adaptación: la división esquizo-paranoide.
Y así, tanto en lo somático como en lo psíquico, se comienzan a estructurar progres