You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Según nuestro criterio, criterio ya expresado inicialmente por Rank, en cierta medida existe en todo paciente un extenso y profundo núcleo que vive la situación psicoanalítica como una regresión intrauterina a partir de la cual el sujeto tiende a integrarse, pasando por mecanismos y vivencias que repiten la situación traumática del nacimiento.
Esta situación fué muy evidente en nuestro paciente y permitió que la interpretación en términos prenatales le llevara a aceptar positivamente su deseo de regresar al vientre materno, pues aunque buscaba inicialmente un escape y un refugio a su conflicto externo, posteriormente lo vivió como una necesidad para su integración, la cual era posible realizar, partiendo de esta situación primitiva.
Se trata de una persona de cerca de cuarenta años que había venido al tratamiento en busca de una solución a sus conflictos sexuales. Vivía aún con sus padres y mantenía con ellos una dependencia extrema. Éstos le suministraban gratuitamente alojamiento y comida. Sus incrementadas ansiedades persecutorias le creaban una relación muy frustrante en su vinculación con el mundo externo y en la medida en que no podía alcanzar las satisfacciones necesarias que aumentaban sus mecanismos regresivos y por consiguiente su dependencia y sometimiento. Pasaba a veces días enteros encerrado en su casa, acostado, durmiendo, o manteniendo como única actividad lecturas pornográficas que le servían como fantasías para sus masturbaciones.
La situación analítica como una regresión intrauterina era evidente en nuestro analizado, ya que instantáneamente transfería al análisis todos los aspectos de su vida cotidiana que eran vividos casi exclusivamente en un plano de fantasía. Desde su entrada al consultorio manifestaba el deseo de que terminaran todos los ruidos de afuera, pues necesitaba desconectarse de todo lo que fuese “mundo externo”, para poder “entregarse al análisis”. Cerraba los ojos, creaba “un mundo más tibio” y se “conectaba con sus pensamientos y fa