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Con una especie de introducción intitulada “El cuarto de los niños y los adultos”, la autora inicia el libro analizando la actitud de los padres y educadores en relación a la vida instintiva del niño, “el cuarto de los niños es el punto de encuentro de la vida primitiva y de la civilizada. Allí se opera cada día el milagro de la transformación del ser salvaje en individuo civilizado”. Las primeras revelaciones sobre lo que ocurre en este cuarto no fueron, sin embargo, proporcionadas por la observación directa, pero sí por el tratamiento de los adultos neuróticos, cuyos análisis vienen a demostrar que el origen de sus afecciones se encontraba ligado a determinados acontecimientos de la primera infancia. Mas la significación de esos acontecimientos sólo puede ser percibida mediante determinadas condiciones, una vez que los primeros 4 ó 5 años de la vida son olvidados por la represión. Esta misma represión representa un papel primordial en la actitud de los adultos frente a la vida instintiva infantil. El adulto rehusa ver en los niños aquello que consiguió eliminar de su conciencia. De allí la negación de las varias manifestaciones de la sexualidad en la infancia: “Mientras las personas encargadas de la educación de los niños permanecen en compañía de los pequeños” —dice la autora— “saben sobre éstos muchas más cosas que una vez que la puerta del cuarto de niños se ha cerrado detrás de ellos”. Aun libros de valor como los de William y Clara Stern no escaparon a eso; en su obra sobre observaciones diarias relativas al lenguaje infantil, el matrimonio Stern se abstiene de citar toda expresión relacionada con las funciones corporales.
Sigue el primer capítulo, en el cual son enfocadas las dificultades y renuncias porque pasa el niño a fin de adaptarse a las convenciones sociales. La tarea educativa del psicoanálisis consiste en encontrar el camino de tal manera que el niño pueda alcanzar ese fin práctico con un mínimo de sacrificios, esto es, de la manera más económica. D