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Estas crisis de ansiedad aguda incontrolable son frecuentes en los niños de uno a cinco años. La mayor frecuencia se observa durante el segundo año de vida, disminuyen gradualmente hasta el sexto o séptimo año y deben ser consideradas como normales durante el desarrollo, mientras no pasen de cierta intensidad. Existen situaciones específicas en las cuales ellas se manifiestan.
El común denominador de estas situaciones es una exigencia a compulsión exterior a realizar determinadas cosas; las crisis son una reacción frente a esta coerción externa. Estas ansiedades tienen por características el de ser inmanejables. El niño se siente impotente y a merced de sus perseguidores. La violencia es desproporcionada a la privación o exigencia real, hecho que prueba la existencia de activas fantasías y ansiedades inconscientes muy primitivas. Siente que la pérdida de control sobre las personas y las cosas lo llevará a un completo desamparo con la pérdida de todo lo que necesita y ansia. Los perseguidores fantaseados contra los cuales el niño lucha son sentidos primariamente en el interior del aparato psíquico y de su propio cuerpo. Proyecta entonces estos perseguidores internos en las personas frustradoras del mundo real, convirtiéndolos en perseguidores externos a los cuales piensa que puede hacer frente y resistir. Las situaciones que desencadenan las crisis coléricas en los niños pequeños son aquéllas en las cuales éste se siente incapaz de controlar tanto los objetos