You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
En este trabajo, M. Klein estudia algunos aspectos de la vida emocional del niño durante el primer año de vida, refiriéndose en especial a las ansiedades, defensas y relaciones de objeto.
I) Comienza con el estudio de la posición esquizo-paranoide que abarca los tres primeros meses de vida.
El niño en el comienzo de su vida experimenta ansiedades que surgen de fuentes internas — Instinto de muerte, que es el que produce miedo a la aniquilación y es la causa primera de la ansiedad persecutoria y la externa. — La experiencia del nacimiento.
La falta de confort y dolor que sufre, así como la pérdida de la vida intrauterina, son sentidas como persecusión. Uno de los conceptos básicos que quiere destacar, es que las primeras experiencias de alimentación y la presencia de la madre, inician una relación de objeto con ella y esta relación es al principio parcial, los impulsos orallibidinosos y oral destructivos se dirigen hacia el pecho de la madre. Hay una interacción variable entre impulsos libidinosos y agresivos, debida a la fusión entre los instintos de vida y muerte.
Hay un equilibrio en los momentos libres de tensión que es perturbado, produciendo avidez cuando se incrementan los impulsos agresivos, por privación de fuerzas internas o externas. Todo aumento de la avidez (primero es oral), fortalece los sentimientos de frustración y condiciona impulsos agresivos.
El pecho en cuanto es gratificador, es amado y sentido como “bueno”; en tanto es frustrador, es odiado y sentido como “malo”. Esto acontece en gran parte debido a la falta de integración del yo, a los procesos de división dentro del yo y en relación con el objeto, a pesar de que en la mente del niño en los tres primeros meses, el objeto bueno y malo no se diferencia totalmente.