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Este artículo de Lois Munro muestra la labor terapéutica llevada a cabo con un niño de tres años, cuyo yo no había podido llegar a una integración correspondiente a la que su edad cronológica requería. La técnica usada, y descrita minuciosamente por la autora, es la enseñada y descubierta por Melanie Klein, y también son de la escuela inglesa los supuestos básicos sobre los que se asientan las interpretaciones. Mediante la transcripción de varias sesiones con el niño, ocurridas en diferentes etapas de su tratamiento, Lois Munro nos va señalando los mecanismos defensivos a que se había visto obligado a recurrir su pequeño paciente, siendo el básico el de la división. Colin se dividía a sí mismo en dos mitades que proyectaba en seguida sobre sus objetos, pero era tal la angustia provocada por el temor de que su parte mala y ávida destruyera o hubiera destruido ya a su parte buena, que sentía que ya no poseía vida dentro de sí, y que sólo vivía el objeto donde la había proyectado.
Estas angustias y defensas tenían su origen, seguía la autora, en un mal parto, una mala lactancia, y las dificultades neuróticas de la madre, y fueron reavivadas con el nacimiento de una hermana, con tal intensidad, que la prueba de realidad de que ésta seguía viva no sirvió al niño para tranquilizarse y ver que no la destruía eon el impulso de su sadismo. Por otra parte, debido a la estrecha relación que en su fantasía mantenía Colin con su madre, no creía que él mismo pudiera vivir separado de ella, y por tanto sentía quo sólo restaurándola y devolviéndole a sus hijos robados tendría derecho a una vida propia. La autora sostiene que esto demuestra la existencia de una fuerte capacidad innata de amor.
El tratamiento fué permitiendo que el niño pudiera paulatinamente integrar su yo, ya que desde un principio vivió que las interpretaciones de su analista eran de valor al demostrarle la existencia de una madre, a quien él había devuelto sus contenidos. Al poder ver a esta figura que le ayudaba c