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En este artículo, Susan Isaacs nos ofrece una breve descripción de un mecanismo —el “acting out” de una metáfora— que se hizo presente en el análisis de un adolescente esquizoide de quince años y medio.
Un día le dijo a la analista que estaban tratando de hacer, con un viejo paraguas, un paracaídas con la intención de aplicarle una canasta que contenía un gato al que quería mucho y dejarlo caer desde el último piso de la casa.
La madre del muchacho, divorciada, reclamaba al hijo, que vivía con la abuela, mujer de costumbres estrictas, pero al niño le costaba decidirse a abandonarla. En el incidente del paracaídas, el paciente estaba haciendo el “acting out” de una metáfora. Su intención de arrojar el gato afuera dramatizaba la vivencia de las exigencias maternas de “arrojar a la abuela fuera de sus afectos”, tratando de hacerlo suavemente. En su fantasía inconsciente, la madre con sus críticas, había envenenado a la abuela dentro de él, y debía vomitarla como un objeto de amor destruido. Arrojarla por la ventana significaba arrojarla de su propio cuerpo.
Como sucede con los esquizofrénicos en general, en este paciente las palabras tenían un significado consciente de cosas. Las palabras eran más reales que las acciones. El vehículo del afecto era la metáfora en su forma verbal. Aún conscientemente las palabras no eran nunca signos, sino siempre acciones y acontecimientos. En su fantasía inconsciente eran partes de los cuerpos de las personas que estaban dentro de él. Era lo que unía a la realidad externa debido a que ellas podían entrar y salir del cuerpo sin perder su identidad, sin destruirse como lo hacían las sustancias corporales. Se defendía con ellas de las terroríficas fantasías pre-verbales vinculadas a experiencias y deseos orales y anales, en los cuales todos los objetos estaban envenenados o mordidos. Pero no puede mantener la metáfora mucho tiempo, aporta demasiado afecto y un conflicto muy intenso, de ahí que la fracture en elementos sensoriales expresa