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Pasando en revista los casos de la literatura psicoanalítica, el autor cita un caso de fetichismo de Friedjung, en el que un niño de 16 meses, necesitaba para dormir, tener una media o sostén usados de la madre, que apretaba contra sí mientras se chupaba el dedo. Otro caso de Editha Sterba, en el que la niña, de 20 meses, exigía una especie de babero, empleado cuando era amamantada meses atrás. En un caso del autor el fetiche era una coberturita de lana y en otro un orinal. Finalmente el autor refiere que Idelsohn narra un caso de un niño de 15 meses, con el fetichismo de un babero sucio. Se perdió dicho babero cuando el niño tenía 18 meses, lo que le produjo tal conmoción psíquica que se volvió enurético, lo que desapareció a los 4 años, al elegir como nuevo fetiche unos pañuelos de colores, con el perfume de la madre que apretaba contra sus órganos genitales.
La relación de esta sistematología con el mamar, el pecho y el cuerpo maternos y su presentación cuando ya se ha efectuado el destete, permiten deducir que el interés del niño hacia el fetiche es un derivado directo del que tenía hacia la madre y lactancia. El fetiche es un sustituto del pecho materno, del que conserva alguna cualidad, como olor, calor, etc.
Por lo tanto, concluye el autor, en el fetichismo infantil la estructura es distinta que en el adulto, en el que el fetiche representa el pene femenino, cuya falta real despierta ideas de castración. El fetichismo infantil constituiría como una fase previa en el desarrollo del adulto.
Angel Garma.