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Rangell expone el resultado de su labor analítica de tres años, con un paciente de 38 años que desde los cinco padecía de una intensa fobia a los muñecos y a toda figura tridimensional, especialmente con apariencia humana (maniquíes, juguetes, figuras de exposición, etc.). La fobia aumentaba de intensidad en proporción a la fragilidad del material que constituía la figura y a la mayor apariencia de vida proporcionada por movimientos, partes prominentes de fácil rotura, etc.
A través del análisis se descubren los diversos significados inconscientes del “muñeco”, que simultáneamente y entrelazados entre sí, se expresan en el síntoma fóbico. El “muñeco”, representa: a) el pene del paciente expuesto a explotar o a desprenderse, posibilidad derivada de sus experiencias masturbatorias infantiles; b) sus excrementos, que desde los 3 a los 4 años y medio fueron “quitados” por madre mediante enemas, razón de su intensa fijación anal; c) el “muñeco” es también el cuerpo del paciente en su totalidad, identificado con un pene; d) es el genital femenino al que siempre creyó dotado de un clitoris interior similar a un pene; e) es la madre fálica y castradora, que lo “priva” de su materia fecal; f) el pene del padre, deseado y simultáneamente temido; g) una hermana muerta tres años antes de su nacimiento (“frágil como una muñeca”), y cuya suerte él también puede correr.
Esta curiosa fobia, prácticamente eliminada por el análisis, representa, no solamente en los distintos planos observados, la angustia frente a la temida castración, sino que expresa también un rechazo, al ser la muñeca un objeto de juego femenino, de tendencias homosexuales.
G. Amici di San Leo.