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Luego de ofrecer un resumen de los conceptos de Freud S., Freud A., Klein, Isaacs y Glover sobre la génesis y destino ulterior de las fantasías inconscientes y conscientes y de definirlos según cada uno de los autores citados, expone sus propios puntos de vista.
Apoyándose en material clínico (en especial en el análisis de una niña de 4 años del que relata 40 sesiones), señala la necesidad de distinguir suficientemente entre fantasías alucinadas generalmente defensivas (producidas por un yo bastante organizado y con carácter amnésico), de las fantasías inconscientes (surgidas de las experiencias vividas durante los primeros días y meses de vida, y con carácter amnésico). Ha observado que durante el análisis de niños la relación transferencial lleva a la producción de dos tipos de fantasías:
Agresivas orales y anales, de introyección, expulsión e intercambio con objetos buenos o malos en niños en los que el yo no está todavía constituido;
Fantasías genitales que regresan rápidamente a estadios anteriores, en niños de más edad.
Claro que este material es más o menos evidente o deformado si se trata de análisis tempranos, de latentes o de pre-púberes.
Los juegos y dibujos que el niño realiza durante el tratamiento analítico tienen un número restringido de temas que son el contenido latente del material producido, constituyendo para el A. las fantasías inconscientes del niño. Que estas fantasías, por ejemplo, de incorporación y proyección de objetos parciales deban considerarse como repetición de experiencias vividas durante los primeros meses de vida, le parece que están en contradicción con lo que se conoce sobre la capacidad perceptiva del niño (Prever, Turnay, Wallon, Schilder). Es necesario distanciar estas fantasías elaboradas durante el análisis de las hechas durante las primeras experiencias reales. Sostiene que si bien la situación analítica lleva a la repetición del pasado, es también algo más, ya que no se debe olvidar que es una situación nueva en la que el niño