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He señalado en trabajos anteriores que el pasaje desde la relación bidimensional con el objeto interno, constituido por la protoimagen heredada del pecho, hasta la
relación tridimensional con el objeto externo, está propulsado por la incorporación en masa de la agresión que representa el trauma de nacimiento.
De manera que la capacidad para elaborar la actuación necesaria para realizar el ataque inicial al pecho real, depende de la primera incorporación de una suficiente cantidad de agresión que después de haberse sufrido pasivamente puede ser activamente proyectada. Las condiciones generales que se cumplen en una labor suficiente de parte incidiendo sobre un feto de término adecuadamente desarrollado en la vida intrauterina, llenan ampliamente los requisitos necesarios para impulsar al recién nacido a la conexión tridimensional inicial.
Cuando el trauma de nacimiento es insuficiente, suele verse como consecuencia inmediata la imposibilidad de realizar una conexión oral-agresiva adecuada. El niño no se prende o abandona muy precozmente el pecho o presenta dificultades en la succión. Este mecanismo psicológico tiene una corroboración fisiológica inestimable en el síndrome general de adaptación (Selye), y puede constituir el condicionamiento para la adaptación desde la nutrición pasiva, a través del cordón umbilical, a la activa, mediante la incorporación respiratoria y digestiva. Esta adaptación es paralela a la que tiene lugar con el pasaje desde la percepción pasiva de las representaciones fantaseadas bidimensionales a la percepción activa de los objetos reales tridimensionales.
Se presentan dos casos, un niño y un adulto, el primero como tema de observación directa y el segundo visto a través de la investigación psicoanalítica, mostrando la influencia y las consecuencias sobre la agresión oral de un trauma de nacimiento insuficiente. Las primeras ansiedades paranoides que provocan la agresión oral inicial pueden llegar al umbral efector o ser incrementadas por el t