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El yo como órgano perceptivo y efector parte de una relación bidimensional con las representaciones internas. Estas primeras representaciones son heredadas y se encuentran en el primitivo y único ambiente del yo prenatal, en el ello. La interrelación inicial entre el yo y el ello tiene las características del yo ideal. Es decir, que el yo acepta irrevocable e indefectiblemente todos los contenidos del ello que son automáticamente reproducidos en el yo. El ello actúa como el ideal del yo. El equivalente somático de esta situación se expresa a través del suministro incondicional, por medio del cordón umbilical, de los requerimientos del feto. Con el nacimiento se interrumpe esta recepción incondicional y surge la búsqueda del objeto externo, que presenta características dimensionales más complejas para ser satisfactorio. La interpretación se hace mostrando el significado del incremento de las tendencias agresivas que hacen posible el pasaje desde la percepción y actuación bidimensional hasta la conexión con el objeto témporo-espacial satisfactorio. Esto significa el pasaje desde las técnicas mágicas bidimensionales a las adaptadas al objeto real tetradimensional.
Resumen del autor.