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En los primeros estadios del desarrollo, en la etapa prenatal percepción, identificación y delimitación del yo, constituyen un fenómeno único. La percepción interna es de carácter visual bidimensional y percibe las protofantasías heredadas que constituyen el primitivo objeto interno antes del desarrollo de la percepción postnatal y de la relación con los objetos reales externos. La herencia filogenética se cumple en el desarrollo ontogénico cuando el yo percibe y se identifica con las imágenes que se originan en el ello el que constituye el primitivo ambiente del yo antes del advenimiento del mundo externo real.
El trauma de nacimiento provoca la disociación del yo, el desdoblamiento de la percepción (percepción interna, percepción externa) y la dualidad objetal (objeto interno, objeto externo), forzando al yo a la búsqueda del objeto externo sobre el que se proyecta el objeto interno. El incremento de la agresión provocada por el trauma de nacimiento es un factor fundamental tanto en el desarrollo de la externalización como de la capacidad perceptiva del yo. Esta evolución del yo permite la percepción de la naturaleza tetradimensional del objeto externo y su simultánea internalización.
La incorporación visual (bidimensional) es previa a la incorporación oral (tetradimensional), y existe una secuencia, alternancia y antagonismo entre la visión interna y externa. La primitiva relación con el objeto interno es necesariamente de naturaleza mágica y efectiva bajo las condiciones ideales intrauterinas, el pensamiento mágico sería la persistencia ulterior de este mecanismo arcaicamente útil.
Resumen de los autores.