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La posibilidad de alcanzar un plano de igualdad con los padres permite a la adolescente realizar un proceso evolutivo normal. Cuando esto sucede, la niña es capaz de identificarse con ellos, creándose entonces entre ambos una relación carente de sentimientos de reprimida rebeldía o de sentimientos de inferioridad. Dentro de una atmósfera tal, será capaz de actuar en colaboración y de aceptar su experiencia. El autor considera que son dos los factores principales que contribuyen a favorecer esta situación: 1ọ) un conocimiento completo sobre temas sexuales que crea una atmósfera de confianza mutua, y 2ọ) el ganar dinero que proporciona a la niña el sentimiento de que contribuye en las responsabilidades de la familia.
De los factores que intervienen dificultando el alcance de este nivel y que provocan como consecuencia el retardo del período de la adolescencia, el autor se dedica a los problemas que surgen del hecho de ser hija única.
Para defenderse de la situación de sentirse alejada de la intimidad parental la niña levanta mecanismos de defensa que el autor resume en la siguiente forma: 1ọ) un rechazo a admitir su estado de niña; 2ọ) rechazo de cualquier crítica que implique que no es una adulta; 3ọ) una fuerte solidaridad y con el propósito de mantenerla evita toda vinculación entre éstos y su familia.
Ilustra estos conceptos con dos casos, el primero resuelto mediante una psicoterapia superficial y el segundo a través de un tratamiento analítico. El primer caso se refiere a una joven de 20 años que desde los 15 vivía obsesionada con la idea de que tenía bigotes. Relata la historia de la niña a quien sus padres habían prohibido toda conversación sobre temas sexuales o sobre ciertos amigos de ellos. Las informaciones deformadas que sobre los primeros pudo obtener, le hicieron considerar al matrimonio como fuente de sufrimientos, deseándolo, por otra parte, como expresión de su rivalidad con sus padres. Sus dudas y temores eran expresados mediante el síntoma del bigote,