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En sus conclusiones la autora manifiesta que no aparece una situación única aislable que explique el desarrollo de una dificultad en la lectura como síntoma neurótico en un niño. El ambiente puede ser traumático o crónicamente desfavorable, los trastornos de la personalidad severos, o la inadaptación —aparte del problema con la lectura— suficientemente leve como para pasar desapercibida y hacerse aparente sólo en el trabajo terapéutico con el niño.
Sus hallazgos sugieren que una complejidad de factores se localizan en la lectura; errores al leer pueden servir como modos disfrazados de gratificar impulsos reprimidos; el fracaso en la lectura puede representar un antagonismo oculto hacia los adultos expresado más bien a través de la resistencia pasiva que por una conducta abiertamente rebelde y así también esconde actitudes reprimidas, etc.
Es razonable pensar que el leer se hace más apto para ser envuelto en los conflictos emocionales del niño cuando éstos concuerdan con el período de aprendizaje de los fundamentos del proceso de la lectura en los primeros grados. Así resulta posible que el elemento tiempo influya sobre si una dificultad educacional sea para la lectura o para alguna otra materia. Desde que los trastornos infantiles empiezan a menudo con el comienzo del colegio, esto puede ser una razón de por qué las dificultades en la lectura son más frecuentes que otras. Pero una razón igualmente valedera es que el contenido de la lectura puede asociarse directa o simbólicamente con conflictos emocionales inconscientes.
Vera Campo.