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Expone la A. sus observaciones sobre el tratamiento de dos niñas gravemente onfermas, realizadas con la ayuda de un artificio técnico: la introducción de un personaje, una muñeca-flor. Dicha muñeca, en lugar de tener cara, brazos y piernas de color carne, está enteramente cubierta por un tejido verde. La cabeza sin facciones, está coronada por una margarita artificial. Los colores del vestido son una combinación de rosa y celeste, es decir, sin sexo determinado.
Según la A. a través de su larga experiencia en análisis de niños y de adultos, pudo observar el interés de los pacientes por las flores y las identificaciones de ellos mismos con una flor, especialmente la margarita. Estas identificaciones correspondían siempre a un cuadro de narcisismo muy intenso en los pacientes. La A. sostiene que la margarita es la primera representación floral de todos los niños, tanto varones como mujeres y parecería simbolizar la libido de aquel que no ha podido o rehusa tomar conciencia de su tipo de genitalidad (masculino o femenino).
La introducción de dicha muñeca constituyó un valioso elemento para lograr la recuperación en ambos casos, ya que permitió la proyección en la misma de la agresividad oral y anal, dirigidas antes contra el yo de las enfermitas, y su posterior elaboración.
D. García Reinoso.