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Jugando, el niño repite, en la situación transferencial, todo lo que vivió en relación con sus primeros objetos. “Mediante la simbolización y personificación en el juego, nos revela sus conflictos, fantasías, experiencias y sus ansiedades y defensas más agudas”. A la descripción que Freud hizo de la dinámica, de la transferencia, es necesario agregar cuando se trata de niños “la mayor intensidad de la ansiedad y el hecho de que esta ansiedad movilice la compulsión de repetición, los mecanismos de simbolización y personificación que están en la base de la actividad de juego”.
Se ilustran y comprueban estas afirmaciones con dos historiales: el de una niña de seis años con inhibiciones de lenguaje, anorexia y enuresis, y el de un chico de dos años y medio que sufría continuamente de anginas, de pavores nocturnos, de enuresis y encopresis.
El propósito último de la monografía consiste en mostrar que “los mecanismos de personificación en el juego y en la transferencia son, como ha dicho Melanie Klein, múltiples y rápidamente cambiantes en sus opuestos, y que se originan en la división y proyección de las imagos originarias”.
Numerosas sesiones, transcriptas textualmente, permiten observar con exactitud las transformaciones que las interpretaciones operan en el inconsciente del niño.
León Ostrov.